domingo, 5 de julio de 2015

HISTORIAS EN LA CALLES DE BARCELONA: "Esmola que esmola, fes dagues, daguer"


Salí a caminar por las calles de la Barcelona gótica, y en una de las paredes había una placa de porcelana con una inscripción en catalán, estaba tratando de entenderla con las pocas clases de catalán que llevaba, hasta que un hombre de uno de los locales cercanos se acercó y muy amablemente me tradujo y explico un poco de la historia del lugar y de aquella inscripción.


"En esta calle se reunían todos los dagueros de la ciudad.
Afila que afila haz dagas daguer, haz dagas que pasen las mallas de acero"

Es un fragmento de un poema del dramaturgo y poeta catalán Fréderic Soler y Humbert conocido con el pseudónimo Serafi Pitarra.

El meu pare que Déu l'hagi perdonat

El meu pare que Déu l'hagi perdonat, era un mestre daguer honrat,

com son fill present ho és ara.  El meu mall mateix usava: 
i aquesta fornal tenia; l'enclusa, el ferro rebia, i ell, tot forjant-lo, 
cantava:"Repica que pica,fes dagues, daguer; fes dagues i espases si ric et vols fer".

No va tardar gaire a córrer son nom; a fer-li fer dagues venia tothom.
Un dia entre els altres, vingué un cavaller: —Feu dagues que passin les malles d'acer?
—Si vós porteu malles ben prest ho veureu, claveu-vos la dagai amb sang la traureu.
—Doncs feu-me'n —diu—, una de pom cisellat; d'allò que ella valgui sereu ben pagat.
—Traient-se la bossa va fer dringar l'or; mon pare, sentint-lo cantava amb ardor:
"Esmola que esmola,fes dagues, daguer; fes dagues que passin les malles d'acer".
Mentre ell esmolava m'ho mirava jo, la meva germana filava al racó.

El cavaller estava amb ella parlant, el pare, veient-ho, seguia cantant:
"Esmola que esmola, fes dagues, daguer; fes dagues que passin les malles d'acer"...
La noia a qui l'ama, així, baix, li ha dit: —T'obriré la porta al ser mitjanit.
El pare, sentint-ho, ho escolta callant; la mola rodava, i anava cantant:
"Esmola que esmola, fes dagues, daguer; fes dagues que passin les malles d'acer".
Quan la nit arriba, el pare amagat, la daga té llesta de pom cisellat.
Al tocar dotze hores, ja entrava el traïdor; al passar la porta, cau en terra mort.
—Què heu fet, mon pare —diu la noia. — El deber: he provat si passa les malles d'acer.
—Citat a justícia, mon pare és lliurat; qui entrava com lladre, com lladre ha pagat.
Bé plora la noia, mes plora amb honor; content d'això el pare cantava millor:
"Esmola que esmola, fes dagues, daguer; fes dagues que passin les malles d'acer".

I mentre cantava sempre aquest cantar la mola rodava sense mai parar.
Jo que m'ho mirava sentia bé això, i així vaig aprendre la vella cançó:
"Esmola que esmola, fes dagues, daguer; fes dagues que passin les malles d'acer".


Traducción:
«Mi padre que Dios le haya perdonado, era un maestro daguer honrado, como su hijo presente lo es ahora». Mi mismo mazo usaba y esta fragua tenía; el yunque el hierro recibía y él forjándolo cantaba: «repica que pica, haz dagas daguer, haz dagas y espadas si rico te quieres hacer». No tardó mucho en sonar su nombre y a encargarle dagas venían desde todas partes. Un día entre otros llegó un caballero: «Hacéis dagas que pasen las mallas de acero». Si vos portáis mallas, pronto lo sabréis, clavaras la daga y con sangre la sacaréis. Hacerme entonces una de pomo cincelado; de lo que valga seréis pagado, y agitando la bolsa hizo sonar el oro; mi padre sintiéndolo cantaba con ardor: «afila que afila, haz dagas daguer, haz dagas que pasen, las mallas de acero».

Mientras él afilaba lo miraba yo, mi hermana hilaba en el rincón. El caballero hablaba con ella, el padre viéndolo seguía cantando: afila que afila, haz dagas daguer, haz dagas que pasen las mallas de acero. La muela rodaba sin parar, yo que la miraba la veía rodar. El padre velaba por su honor; cuanto más afilaba cantaba mejor: «afila que afila, haz dagas daguer, haz dagas que pasen las mallas de acero». La chica amada, bajito le dijo: «te abriré la puerta al ser medianoche». El padre oyéndolo lo escucha callando, la muela rodaba e iba cantando: «afila que afila, haz dagas daguer, haz dagas que pasen las mallas de acero». Al llegar la noche, el padre escondido, la daga tiene lista, del pomo cincelado. Al tocar doce horas ya entraba el traidor, que al pasar la puerta cae a tierra muerto. Qué has hecho, dice a mi padre la chica: «el deber, he probado si pasaba las mallas de acero».

Citado a justicia, mi padre es absuelto: quien entra como ladrón, como ladrón ha pagado. Mucho llora la chica, más llora con honor: contento de eso el padre cantaba mejor «afila que afila, haz dagas daguer, haz dagas que pasen las mallas de acero». Y mientras cantaba siempre esta canción, la muela rodaba sin parar. Yo que lo miraba, sentía bien eso, y así aprendí la vieja canción: «Esmola que esmola, fes dagues, daguer, fes dagues que pasen les malles d'acer».

No hay comentarios:

Publicar un comentario